Griegos y Escitas (I): una breve introducción

Un escita representado con sus elementos típicos: pelo y barba largos, gorro puntiagudo, kaftán y arco. Fuente: PIOTROVSKY et al.1987.

Cuando los griegos —jonios en su mayoría— se asentaron en el Ponto Euxino (1) en el s. VII a.C., hallaron pueblos nómadas y seminómadas habitando las estepas de la costa norte, en los territorios de las actuales Ucrania y Rusia fundamentalmente. La realidad étnica no era en absoluto uniforme, pero los griegos usaron el término deescitas para denominar a la mayoría.

El estudio de estos pueblos ‹‹escitas›› tiene una larga trayectoria, aunque ha sido un campo poco conocido en Occidente hasta tiempos muy recientes por tratarse de historiografía soviética en su mayor parte. Sin embargo, hasta prácticamente las últimas dos décadas, el discurso sobre escitas ha permanecido inalterado desde que Mijaíl Rostovtzeff publicase sus estudios en la década de 1920. El principal problema en los estudios posteriores ha sido la simplificación tanto de su obra como del Libro IV de Heródoto, nuestra principal fuente literaria sobre los escitas. Así, se ha venido defendiendo la división tripartita de la sociedad escita forzando el discurso del historiador griego según el esquema clásico de los pueblos indoeuropeos.

La región de Escitia entre los siglos VIII-III a.C. Fuente: KHAZANOV et al. 1982

En su relato, Heródoto habla de la existencia de escitas nómadas, escitas seminómadas, escitas labradores y escitas agricultores —no conocemos bien en qué se diferencian—, escitas ‹‹reales›› y escitas helenizados (calípidas). Además, menciona a pueblos expresamente no escitas, como los neuros, los tauros, los melanclenos y griegos ‹‹escitizados››. Es decir, en la tierra conocida como Escitia habitaban todo tipo de pueblos. El problema es que, aparte de ciertos rasgos específicos —y pintorescos, casi siempre—, no sabemos casi nada de la sociedad de este conglomerado de gentes. Hasta el s. I d.C. no volvemos a tener otra descripción de la situación de la región.

Sin embargo, ello no ha impedido que se trate de relacionar de manera directa la cultura material proporcionada por la arqueología con los pueblos mencionados por Heródoto. El resultado ha sido la ubicación —de dudosa validez— de pueblos y etnias en mapas;,por lo demás, vacíos de contenido.

Un problema añadido es la relativa falta de fuentes para el estudio de los griegos en el Mar Negro. Y decimos relativa porque esta deficiencia es un problema constante en Historia Antigua. Pese a ser una zona muy amplia y llena de colonias ya desde el arcaísmo (ss. VII-VI a.C.), tenemos escasas fuentes literarias que traten expresamente o con profundidad el Ponto. La historia de la colonización y la vida política y social de la región ha sido construida gracias a los esfuerzos de la arqueología en el litoral norte y las estepas contiguas desde el s. XIX. Desde la segunda mitad del s. XX, el Instituto de Arqueología de la Academia Ucraniana de Ciencias viene cumpliendo un papel primordial en esto.

Sobre los escitas, afortunadamente, tenemos fuentes persas y griegas que los mencionan de manera concreta y que, unidas al registro arqueológico, nos permiten conocer a grandes rasgos la evolución histórica de este pueblo. No podemos afirmar la homogeneidad étnica y, desde luego, se descarta la cohesión política, pero es cierto que podemos encontrar rasgos culturales y materiales que unen a una serie de pueblos nómadas repartidos desde el Danubio hasta los Montes Altái.

El origen iranio de este pueblo queda fuera de toda duda y la mayoría de los investigadores concuerda en asimilar a los saka mencionados en las fuentes persas, los shaka de los textos indios y a los sai mencionados por los chinos con tribus de origen escita. Este origen iranio ha sido una de las dificultades en el estudio de este pueblo. El problema ha residido en rellenar los huecos en nuestro conocimiento —que son muchísimos, dado el carácter nómada de estas tribus— con datos considerados típicos de los pueblos iranios, distorsionando nuestra visión. Un ejemplo de esto ha sido la división en tres castas de la sociedad escita distorsionando el relato de Heródoto: guerreros, campesinos y sacerdotes. Sin embargo, la única ‹‹casta de sacerdotes›› que aparece en su obra son adivinos o chamanes sin demasiado poder, que sólo sirven de consulta. Y además, no sabemos casi nada de las relaciones entre los diversos grupos sociales que mencionábamos al principio como para aventurarnos a hablar de castas cerradas.

Su llegada al litoral norte del Mar Negro puede fecharse en el s. VIII a.C. cuando, desde el Cáucaso, expulsaron a los cimerios de la región, algo que el mismo Heródoto refiere. Sin embargo, durante casi un siglo, los escitas —en esta época, nómadas en su práctica totalidad— permanecieron en la región del Cáucaso, donde ya habitaban gentes asociadas a la cultura arqueológica de Kubán. Desde sus bases en esta región montañosa, los escitas primero participaron como mercenarios asirios y luego como aliados de los persas para derrocar a aquellos.

Representación de escitas con su característico gorro en un relieve de Persépolis. Fuente: http://www.heritageinstitute.com/zoroastrianism/images/saka/SakaTigrakhauda.jpg

La migración y el asentamiento definitivo de los escitas en las estepas del norte del Mar Negro se produjo en el s. VII a.C. Heródoto arroja algo de luz sobre el asunto. Según el historiador, cuando los escitas volvieron de Media al litoral del Mar Negro, sus mujeres habían tenido hijos con los esclavos, y ahora estos hijos reclamaban su sitio. Los escitas los expulsaron sin armas, empuñando sólo látigos para recordarles su origen y ponerlos en fuga. Aunque está narrado en clave de leyenda, el relato nos habla de dificultades en el asentamiento de los escitas que venían de Oriente Próximo.

Este proceso prácticamente coincide con la llegada de los primeros colonos griegos a las costas del litoral. De haber encontrado estos una confederación militar escita tan poderosa y cohesionada como la del siglo precedente, la situación habría sido diferente. La inestabilidad de la situación y la ausencia de una formación política sólida en la costa —durante la primera mitad del s. VI a.C., los escitas aún estaban en proceso de sedentarización y unificaciones tribales— facilitaron, sin duda, la colonización griega.

Fuente: Fran Ormad Robles,  http://www.temporamagazine.com/griegos-y-escitas-una-breve-introduccion/

(1) Ponto Euxino: literalmente, “Mar Hospitalario”, fue el eufemismo que sustituyó en época Clásica al anterior,Pontos Axeinos, que significaba “Mar Inhospitalario” para los griegos.

Bibliografía|

BRAUND, D. (ed.), “Scythians and greeks: Cultural interactions in Scythia, Athens and the Early Roman Empire (sixth century BC – first century AD). Exeter: University Press, 2005.

KHAZANOV, A.M.; BURDA, M.; DE SONNEVILLE-DAVID, TH., “Les Scythes et la civilisation Antique. Problèmes de contacts”, en Dialogues d’histoire ancienne 8. Besanzón, pp. 7-51, 1982.

PIOTROVSKY, B.; GALANINA, L.; GRACH, N., “Scythian Art“, Oxford: University Press, 1987.

ROSTOVTZEFF, M.I., “Iranians and Greeks“, Oxford, 1922.

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